domingo, 11 de septiembre de 2016

A un pelotudo de hacer votos de castidad.

En realidad iba a titular "a un pelotudo de hacerme monja", pero los últimos acontecimientos ocurridos en el país, hacen que esa tarea no sea muy popular que digamos...o sí, pero no...en fin, este blog no es político, asi que no entremos en detalles!!

Por las redes circula un cartelito que dice que en el mundo los pelotudos están estratégicamente acomodados para que todos nos encontremos con uno en la vida. Conmigo está batiendo récords, porque me cruzo alguno casi todos los meses, o casi todos los días. Especialmente en lo que a vida amorosa se refiere.

Reconociendo que tengo la delicadeza de un oso pardo manipulando un tractor adentro de una cristalería, tampoco es que trato tan mal a las personas, habitualmente muestro cordialidad y buena educación, pongo interés en lo que me cuentan, porque es la mejor forma de conocer a las personas, escuchándolas. Pero...

Pero al mundo le faltan poetas, corazón! Le faltan tipos que conquisten con una mirada y sin tocarte te hagan estremecer. Señores que esperen a que estés a punto de caramelo, que desparramen poesía a su paso y te hagan sentir que sos una reina, aunque estés tomando mate con bizcochitos de grasa en la placita del barrio porque no les da el cuero para ir a un café. (cuando digo que desparrame poesía tampoco estoy pidiendo que te lea los stickers del Dos Corazones, ni se sepa de memoria los libros de Amado Nervo, Gustavo Adolfo Becquer o Ruben Darío, ni que te aturda escribiendo sonetos edulcorados...no, me refiero a algo que se siente, que te invade, que te hace sentir plena...como la poesía!)

Hoy los hombres NO SABEN SEDUCIR. Lo más copado que pueden decirte hace refencia a alguna parte de tu cuerpo sobresaliente, no precisamente los ojos, y más de una vez no es agradable la referencia. Si vas a un lugar bailable, con la excusa de "animarse" toman algo de más y aunque se descarguen el tacho de Axe completo, no pueden tapar la baranda a alcohol que insisten en dirigir hacia tus cavidades olfativas, lo cual conlleva a un repentino alejamiento y rechazo del especímen en cuestión.

Lo primero que buscan en clavarte un beso, tocarte el trasero o las lolas. Si aceptas sos una trola, si te negás sos una estrecha. No hay término medio. Y si pueden llevarte a la cama a la primera de cambio, luego les da un repentino ataque de amnesia, desconocen todo lo ocurrido, y si pueden te defenestran por hacer lo mismo que hicieron ellos!!!

Cuando la conquista se pone un poco más difícil, mostrar la billetera y las cuatro tarjetas de crédito, dos de ellas doradas, es el mayor mérito que realizan (decí alpiste, corazón, tengo tantas tarjetas como vos y con mejor disponible, si vamos al caso). Y te cuentan de los gastos, lo que les cuesta mantener el tren de vida, o te hablan del ÚNICO viaje al extranjero que hicieron, medio nostalgiosos, medio deprimidos, porque pudieron pisar un ratito el paraíso y Dios los expulsó sin que ellos puedan lograr entender por qué se les terminaron las vacaciones pagadas en vaya una a saber cuántas cómodas cuotas.

También aparecen los señores, esos que ya dejaron el ruedo hace rato, pero a escondidas si pueden, juegan a que son libres. Después de hacerte el entre, de prenderse en un devaneo/histeriqueo/chichoneo, te salen con que ellos tienen un compromiso (lectura entre líneas "si aceptas salir en estas condiciones, despues no me vengas con reclamos que yo te avisé"). En consecuencia, cuando das un paso al costado amablemente, cada tanto te piantan un lagrimón a ver si les tenés un poquito de lástima. No, gracias, lástima le tengo a los perros, a los refugiados y a mi sueldo.

O te aparece el neurótico, que no sabés que quiere, que tira la piedra y esconde la mano, que te causa intriga porque querés entenderlo un poquito. Ignorás si es buena onda, mala onda, fanfarroneo, timidez, si busca adherirte a alguna causa y no sabe cómo decirlo, o si te quiere vender una imagen de buena gente, porque alguna macana se mandó e, igualmente, algo quiere venderte/enchufarte. No termina de decir nada y se al final se hunde en la profundidad del océano congelado cual Jack Dosson en medio del Atlántico Norte, tras el naufragio del Titanic.

Pero vos sos Rose, vos estás en la tabla, muerta de frío y temblando,pensando que ya está, que todo terminó ahí, que sólo te queda mirar hacia el cielo y ver la nada misma hasta que el frío te cale los huesos... y entonces escuchás la voz del tipo que viene en la lancha a ver si hay algún sobreviviente de la tragedia y salís nadando hacia el pobre cadaver del marinero que flota, le sacás el silbato y con toda la fuerza de tus pulmones soplas para que el sonido llegue a oídos de quien pueda llevarte a la orilla de algún lugar en donde puedas comenzar de nuevo, con la esperanza de que el próximo no sea un pelotudo que te lleve a tomar la decisión de tomar los hábitos con un voto de celibato y castidad!!!!
© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016