martes, 27 de diciembre de 2016

El extraño del Whatsapp.

Hombre que NO conozco manda un saludo navideño por whatsapp. Le agradezco y le pregunto quien es. Me responde que es cliente de un compañero que le mostró mi foto de perfil de esa red (Hiper recontra super archi editada) cuando le avisó que yo iba a reemplazarlo por vacaciones. (Nunca llegué a atenderlo, ya que tenía su negocio cerrado a la hora que yo pasaba, es decir, NO LO CONOZCO!)

Ajá, sigue sin decirme QUIEN es. O sea, su nombre. Me dice que por mi foto (esa archi super fotoshopeada que uso en los perfiles) le parezco que "soy una buena mujer para hablar" y que lo agregue a mis contactos.  Insiste en que quiere charlar.

Ajá. Sigue sin darme su nombre. Le respondo que todo bien, pero que no se quien es ni como se llama. Clava el doble visto azul a las 18 horas del 24. Y recién vuelve a responder VEINTIOCHO HORAS más tarde, informando su nombre y que su intención es "hablar" ya que no tiene amigos y repite que por mi foto  (ultra, bati, recontra ya saben...) le parezco una buena conversadora.

Le contesto que para alguien que está interesado en charlar, demorar 28 horas en brindar una respuesta, cuando se supone que es él quien está interesado en que yo le de bola, no es el mejor síntoma de fluidez para dialogar. Y que me disculpe, pero que no es la forma de entablar un contacto.

Se disculpa y repite el asunto de su impresión de mi foto de perfil. Y le respondo que la vida no es es una foto de perfil fotoshopeada. Besito,  chau, adiós,  bye, bye, y deje que se fuera cual Di Caprio congelado en las aguas heladas del Atlántico Norte. (Se parecía más al tío Lucas de la familia Adam's).

Más que un silbato que advierta al del bote salvavidas de mi presencia, y me rescate,  necesito la Orquesta internacional de vientos.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016

domingo, 11 de septiembre de 2016

A un pelotudo de hacer votos de castidad.

En realidad iba a titular "a un pelotudo de hacerme monja", pero los últimos acontecimientos ocurridos en el país, hacen que esa tarea no sea muy popular que digamos...o sí, pero no...en fin, este blog no es político, asi que no entremos en detalles!!

Por las redes circula un cartelito que dice que en el mundo los pelotudos están estratégicamente acomodados para que todos nos encontremos con uno en la vida. Conmigo está batiendo récords, porque me cruzo alguno casi todos los meses, o casi todos los días. Especialmente en lo que a vida amorosa se refiere.

Reconociendo que tengo la delicadeza de un oso pardo manipulando un tractor adentro de una cristalería, tampoco es que trato tan mal a las personas, habitualmente muestro cordialidad y buena educación, pongo interés en lo que me cuentan, porque es la mejor forma de conocer a las personas, escuchándolas. Pero...

Pero al mundo le faltan poetas, corazón! Le faltan tipos que conquisten con una mirada y sin tocarte te hagan estremecer. Señores que esperen a que estés a punto de caramelo, que desparramen poesía a su paso y te hagan sentir que sos una reina, aunque estés tomando mate con bizcochitos de grasa en la placita del barrio porque no les da el cuero para ir a un café. (cuando digo que desparrame poesía tampoco estoy pidiendo que te lea los stickers del Dos Corazones, ni se sepa de memoria los libros de Amado Nervo, Gustavo Adolfo Becquer o Ruben Darío, ni que te aturda escribiendo sonetos edulcorados...no, me refiero a algo que se siente, que te invade, que te hace sentir plena...como la poesía!)

Hoy los hombres NO SABEN SEDUCIR. Lo más copado que pueden decirte hace refencia a alguna parte de tu cuerpo sobresaliente, no precisamente los ojos, y más de una vez no es agradable la referencia. Si vas a un lugar bailable, con la excusa de "animarse" toman algo de más y aunque se descarguen el tacho de Axe completo, no pueden tapar la baranda a alcohol que insisten en dirigir hacia tus cavidades olfativas, lo cual conlleva a un repentino alejamiento y rechazo del especímen en cuestión.

Lo primero que buscan en clavarte un beso, tocarte el trasero o las lolas. Si aceptas sos una trola, si te negás sos una estrecha. No hay término medio. Y si pueden llevarte a la cama a la primera de cambio, luego les da un repentino ataque de amnesia, desconocen todo lo ocurrido, y si pueden te defenestran por hacer lo mismo que hicieron ellos!!!

Cuando la conquista se pone un poco más difícil, mostrar la billetera y las cuatro tarjetas de crédito, dos de ellas doradas, es el mayor mérito que realizan (decí alpiste, corazón, tengo tantas tarjetas como vos y con mejor disponible, si vamos al caso). Y te cuentan de los gastos, lo que les cuesta mantener el tren de vida, o te hablan del ÚNICO viaje al extranjero que hicieron, medio nostalgiosos, medio deprimidos, porque pudieron pisar un ratito el paraíso y Dios los expulsó sin que ellos puedan lograr entender por qué se les terminaron las vacaciones pagadas en vaya una a saber cuántas cómodas cuotas.

También aparecen los señores, esos que ya dejaron el ruedo hace rato, pero a escondidas si pueden, juegan a que son libres. Después de hacerte el entre, de prenderse en un devaneo/histeriqueo/chichoneo, te salen con que ellos tienen un compromiso (lectura entre líneas "si aceptas salir en estas condiciones, despues no me vengas con reclamos que yo te avisé"). En consecuencia, cuando das un paso al costado amablemente, cada tanto te piantan un lagrimón a ver si les tenés un poquito de lástima. No, gracias, lástima le tengo a los perros, a los refugiados y a mi sueldo.

O te aparece el neurótico, que no sabés que quiere, que tira la piedra y esconde la mano, que te causa intriga porque querés entenderlo un poquito. Ignorás si es buena onda, mala onda, fanfarroneo, timidez, si busca adherirte a alguna causa y no sabe cómo decirlo, o si te quiere vender una imagen de buena gente, porque alguna macana se mandó e, igualmente, algo quiere venderte/enchufarte. No termina de decir nada y se al final se hunde en la profundidad del océano congelado cual Jack Dosson en medio del Atlántico Norte, tras el naufragio del Titanic.

Pero vos sos Rose, vos estás en la tabla, muerta de frío y temblando,pensando que ya está, que todo terminó ahí, que sólo te queda mirar hacia el cielo y ver la nada misma hasta que el frío te cale los huesos... y entonces escuchás la voz del tipo que viene en la lancha a ver si hay algún sobreviviente de la tragedia y salís nadando hacia el pobre cadaver del marinero que flota, le sacás el silbato y con toda la fuerza de tus pulmones soplas para que el sonido llegue a oídos de quien pueda llevarte a la orilla de algún lugar en donde puedas comenzar de nuevo, con la esperanza de que el próximo no sea un pelotudo que te lleve a tomar la decisión de tomar los hábitos con un voto de celibato y castidad!!!!
© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2016




domingo, 31 de julio de 2016

El hombre de la bolsa.




¡¡Uy, cuánto hace que no escribo en este blog!!  Pero resulta que algunos hombres existen para agitar ciertos fantasmas del pasado y remover esos miedos ancestrales que nuestras madres y abuelas, con la intención de que no hiciéramos travesuras, nos inculcaban.

   A los casi 44 años descubro que el "hombre de la bolsa" si existe! Tiene nombre, dirección y número de teléfono. Y es un chanta que embauca mujeres por internet, diciéndoles que está separado, poniendo carita de pobre perrito perdido y buscando vender espejitos de colores a personas que tienen "oro" para entregar.

 Resulta que al principio, el hombre de la bolsa crea un mundo maravilloso tipo Disney, provocando en las mujeres el deseo de visitar ese planeta en donde los sueños se vuelven realidad. Primero dice que transfiere el dinero para el viaje(el hombre de la bolsa no vive en la misma localidad que la víctima) , cuando ve que el verso comienza a causar efecto, pinta que no puede hacer la transferencia bancaria y que ella se consiga el pasaje para luego proveerla del dinero magnánimente...y cuando la protagonista de nuestra historia se ve enmarañada en la búsqueda del pasaje imposible de pagar, se pone en la pose del galán despreciado y, dignamente, le dice "yo te ofrezco todo...demostrame tu interés y pone algo de vos para venir a verme"...

   A todo esto, ella en un intento de demostrar interés, pide prestado, se endeuda, llama a amigas que le hagan la pata, tiene ansiedad, pánico, miedo, crisis de nervios, angustia y todos los síndromes que puedan encontrarse en cualquier manual de enfermedades psicológicas, porque teme perder, por nonagésima vez, al "amor de su vida". Convengamos, es la misma crisis que tuvo con su anterior amor de la vida, tras la crisis con el otro "amor de su vida" que tambien la desfalcó, despues de haber pasado por una crisis emocional y económica luego de jugarse todo por el anterior "amor de su vida", que terminó descubriendo en brazos de un joven de 15 años de su mismo sexo, con el cual formalizó una relación, dejando a la protagonista de nuestra historia con las manos vacías...y la billetera también.

Intentas disuadir a la princesa en apuros, mientras ves que la carroza es una calabaza que hace rato hecha olor feo, pero a ella le dio un repentino ataque de sinusitis, lo que le impide oler el espantoso aroma que llega desde los casi 1.000 kilómetros que separan el hogar del hombre de la bolsa y el de ella. Pero, convencida de que es su última oportunidad de ser feliz en esta vida y en todas las posibles reencarnaciones hasta el final de los tiempos, ella apuesta a comprar el pasaje, viajar y darse la cabeza contra el muro de los lamentos, la gran muralla china y, si existiera aún, el muro de Berlín, sin importarle absolutamente nada.

El hombre de la bolsa existe porque nosotras, mujeres al fín, queremos creer en él, pensando que nos va a llevar al paraíso en la tierra, disfrutando de las mieles de la felicidad eterna, al borde de un arroyito dulzón y con pajaritos de colores canturreando a nuestro alrededor. Porque, ante todo, el amor es un gran salto de fe, en el que primero se entrega la confianza, y después el cbu del banco junto con la clave de acceso y los fondos completitos, para de repente verlos desaparecer con la excusa de un "apuro urgente", y luego que te exprima como una jugosa naranja...y todas sabemos cómo termina una jugosa y dulcisima naranja luego de ser exprimida, no? Si, señoras, termina seca, vacía y en el tacho de la basura!!!

La protagonista de esta historia lo volvió a hacer y el hombre de la bolsa de su destino cambio de nombre, pero no de estrategía, ya que ella tiene una especie de imán para atraerlos, y una vez recuperada su economía, nuevamente entregar los fondos, además de otras cosas, con tal de obtener un poquito de "felicidad", que ni siquiera son cinco minutos.

Seamos un poquitito desconfiadas y, sin pretender que nos paguen todo, al menos busquemos un señor que pague a la romana, que pueda comprarse el pan de cada día y tenga algo más que los calzoncillos a su nombre!!!