jueves, 21 de diciembre de 2017

Esas azules palomitas.



De repente en Facebook me aparece una nota de una de las páginas que sigo. La nota habla sobre qué debe hacer una mujer cuando “él” te clava el visto. Varios ítem tratan más o menos de lo mismo: no sabés cuál es la razón por la que las grises palomitas (tildes) se vuelvan azules sin que vos recibas una respuesta.

Por más que pasen las horas, la mujer ignorada debe quedarse tranquila, no pensar que él la engaña, no reclamarle ni ametrallarlo a mensajes preguntando por las razones del silencio avasallador.

Calma, calma  quizás él está ocupado, trabajando, en la escuela, haciendo algo muy importante y no puede responderte.  Calma, quizás se quedó sin datos, sin abono, sin wifi, sin señal, sin batería  (sin vergüenza?). Calma. Tomate cinco minutos, tomate un té.  De tilo, de boldo, de manzanilla. Tomate una hora y ponele cognac al café, vodka al tilo o agarrate la botella de tinto caro que compraste para una ocasión especial y tomátela en tu nombre. Pero Calma, eh,  porque vos siempre vas a ser la histérica y él el pobre infeliz al que acosas con tu simple “buenos días”.

No es que no seas importante para él,  él tiene otras cosas de qué preocuparse TAN importantes como vos. ¿Tan importantes?  Analicemos las opciones, las de la nota y las de la vida real:
*) Está ocupado en el trabajo/ escuela/cosa-importante.  Si esta ocupado, directamente no toca su celular y abre la aplicación de Whatsapp  (o la que fuere) para clavarte el visto y dejarte sin respuesta. Más cuando ves que estuvo conectado a distintas horas o un permanente “en línea” te hace ponerle más whisky a tu té.
*) Se quedó sin datos, wifi, batería. ¿Tan injusto es el destino, tan cruel, que justo se va a quedar sin datos cuando las palomitas o tildes se convierten en ese azul letal? ¿Justo una conspiración maligna hace que el wifi colapse en el mismo momento en que se dispone a responderte y se queda imposibilitado de hacerlo? ¿Qué malvada bruja hace que en el instante en que lee tu chat, justo, justo ese maldito 1% de batería no alcance para decirte”hola”?

*) Nada de eso explica su silencio cuando los cambios de estados,  foto de perfil, hora de conexión o Estad o en línea están ahí, como un reflector luminoso, gritando en rojo “no le importas”.

*) Ponele que es como el protagonista de esa película, que parecía haber encontrado un lago formado por el orín de todos los dinosaurios que existían dos horas antes de que cayera el meteorito y acabara con ellos. Le pasaron todas y encima la abuela se le perdió, lo mordió un perro con rabia y finalmente lo asaltaron en tres oportunidades en el trayecto de las cinco cuadras que lo separan de su casa a su trabajo. Pero el misterio del “en linea”, los cambios de estado y demás, posteriores a tu último mensaje “en visto” en varias horas, cuando no días, sigue sin resolverse.

*) La respuesta es clara y contundente: él  puede demorarse un poco, puede haberle pasado algo y hasta puede estar tan ocupado como para no responderte. Pero si sos importante para él,  en algún momento del día tiene que responderte. Pero si guarda un silencio sepulcral, no le importás,  no tiene interés en vos más que convencerte de que accedas a ir a su casa…o a su cama.

No sos histérica,  no sos neurótica, simplemente pretendés un  ida y vuelta con la persona que dice tener interés en vos. La opción es guardar un silencio igual al suyo en el momento en que a él se le ocurra comunicarse, o decirle todas las verdades que tengas atravesadas en la garganta y pensas que se merece.

Querete,  valorate, alejate.

© Cristina Vañecek-Escritora Derechos Reservados 2017




viernes, 7 de julio de 2017

El inspector de amígdalas.

Tras un largo período de soledad, en donde una necesita su espacio para el famoso "soltar" para poder volver a abrir puertas, decidí ingresar al circuito social a ver qué onda y darme el permiso de "conocer a alguien".

La foto de perfil de la red social mostraba a alguien más o menos potable, algunas publicaciones indicaban una cierta coincidencia musical, aunque un toque de romanticismo...como decirlo...algo edulcorado,  rayano en lo diabético para ser honesta.

Tras algunos mensajes de rigor (algunos incomprensibles porque era un puro intercambio de emoticones y dibujitos que me hicieron pensar en que el caballero deberia creer ser la reencarnación de Tutankamón)  llegó uno de los pocos mensajes escrito en donde planteaba la posibilidad de ir a tomar un café.

Tras la vuelta a los mensajes encriptados de dibujitos y emoticones, recordó que sabía escribir y concretó la famosa tomada de café.  Bueno, lo de concretar es una forma de decir porque a la hora de decir el "dónde" lo dejo medio al azar para cuando nos encontráramos.

El primer detalle que le vi fue el pequeño arito brillante que lucía en el lóbulo de su oreja. Todo bien si no fuera por la remera descosida en el borde del hombro, mal planchada.  El exceso de perfume no ayudó mucho tampoco, convengamos.

Su voz rasposa,  estilo pato Donald en castellano podía dejarla pasar, si no fuera porque cada vez que movía los labios se veia la ausencia de un diente justo en el medio de la mandíbula  (abajo) por el que de le escapaba alguna que otra gotita de saliva.

Pensé en todas esas amigas que suelen decirme que soy muy exigente, que no debo ser tan pretenciosa y que nada importa si es una buena persona.

Así que hubo segunda salida, nocturna vez, en la que intenté que me hablara de su vida. Que se refiriera a la mujer de la que estaba separada hace unos diez años como "mi señora" en varias oportunidades no ayudó mucho. Menos que, cuando hablaba de otras mujeres contando anécdotas, se refiriera a ellas diciendo que tenía "un culo asssi" o "unas lolas asssi" con una amplia gestualidad manual para hacer más explícito el tamaño de las redondeces referidas. Tampoco colaboró mucho a la posible relación que a la hora de pagar la consumición que se hiciera el boludo con el ticket,  acercándolo o alejándolo como si no viera, hasta que de lo saqué de la mano, le dije el importe y me preguntó cuatro veces cuanto era la parte que le tocaba pagar. Que me diera plata de menos...tampoco.

Pero, recordando que algunas amigas me dicen que soy muy quisquillosa,  me di otra oportunidad, pensando que quizás los nervios pudieron traicionarlo y no se habría dado cuenta de que la mitad de 300 pesos no eran 120.

Ocurrió que un día de tormenta me hizo un gran favor.  Y fuimos a tomar unn café.  Mientras hablábamos pensé en que ese favor había sido un lindo y tierno gesto, y decidí darle un primer piquito de agradecimiento con toda mi timidez...

Lo que arruinó todo fue que el señor tuvo un repentino ataque de amigdólogo y decidió hacerme una revisión sin anestesia...poco agradable.

Me costó bastante decírselo,  porque no quise herir sus sentimientos ni faltarle el respeto, pero eso fue lo que me decidió a no continuar con las salidas, lo que el señor no entendió.

Si, puedo ser quisquillosa,  pero convengamos que para estar con alguien una/o debe estar cómoda/o y sentirse bien... Ojalá  este caballero encuentre la horma de sus zapatos y yo siga escribiendo!!!


sábado, 25 de febrero de 2017

50 mediasombras de Ruiz.

Claro, es re fácil para Anastasia Steele firmar un convenio de común acuerdo para tener una experiencia sadomasoquista con el señor Grey, un ultramillonario soltero que está más fuerte que patada de potro salvaje, o sea, el hombre perfecto que cualquier madre sueña para su hija. El tipo la lleva a mansiones ultraconfortables, la pasa a buscar en helicóptero, le regala computadoras, autos, vestidos, le pregunta mediante contrato si acepta tal o cual cosa y así arregla cualquiera. No es justo. No vale.

Ana (que es la protagonista de estas 50 mediasombras) conoció al señor Ruiz, que en principio no tenía casa propia. De hecho, el señor Ruiz es un empleado. Para ser más específicos, el señor Ruiz alquilaba un habitación en una vivienda chorizo sin contrato de alquiler, sin calefacción, sin heladera, sin hornallas en la cocina. Convengamos, la experiencia masoquista no es así como la pintan en la peli. Ya les dije, con "el sueño de la piba" cualquiera arregla. Pero continuemos con la experiencia de nuestra Ana y su señor Ruiz.

Ana y el señor Ruiz acordaron  conocerse y encontrarse para ver si sus vidas tenían algo en común. Ana decidió que podría darse una oportunidad y el señor Ruiz, aparentemente, cubría algunas de sus expectativas... Sin embargo, Ana jamás imaginó que en la intimidad, el señor Ruiz sería una experiencia inolvidable.

Jamás dejaría de pensar en esa primera vez, en donde todas las sensaciones están a flor de piel. La primera sorpresa se la llevó cuando el señor Ruiz se bajó los pantalones...Ana abrió los ojos, los achinó, parpadeó y los volvió a abrir. Jamás en su vida había visto algo así. Bueno, en realidad y para ser sincera, Ana no había visto nada, así, a secas. Buscó, intentó ver mejor, ponerle una luz, pero en medio del nerviosismo de ese primer contacto...bueno, en realidad no comprendía cómo podría tener un primer contacto con eso...que en realidad no sabía si era eso, porque el tamaño le impedía definir a qué categoría de mini maní pertenecía.

Nuestra Ana se preguntó si aquéllo podría satisfacerla y cumplir las fantasías acariciadas en las charlas previas con el señor Ruiz. Él le había dicho que la llevaría a la gloria...pero Ana jamás imaginó que mientras practicaban el acto sexual, las palabras del señor Ruiz tomarían semejante calibre real. Cada embate era acompañado por una sonora "trompetina", que nada tenía que ver con lo paradisíaco y si con lo intestinal. El problema fue que Ana nunca llegó a saber cuándo el señor Ruiz accedió carnalmente a ella y tampoco comprendió a qué se debía la cara de satisfacción y deber cumplido de Ruiz cuando le anunció que ya había concluido.

Pese a todo, Ana decidió mantenerse en la vida del señor Ruiz, pues le había tomado cariño y pensaba que su cercanía podría ayudarlo a resolver algunas cuestiones que él pudiera tener con su pasado, poner luz en esas sombras. Pero la experiencia sadomasoquista continuaría cuando una mañana Ruiz se quitara los zapatos y Ana viera las uñas de sus pies, largas y sucias.

El señor Ruiz, además, dejaba las medias tiradas, usaba el mismo jabón con que se lavaba el traste para lavarse la cara, no tenía cepillo de dientes y disfrutaba pasandose la transpiración de la frente con la mano por todo su pelo a modo de ¿gel? ¿fijador? y sonreir como si fuera el galan de moda y, luciendo un pantalon nuevo decir "no me digas que no estoy fachero".

Ana se mordía la lengua para no herir los sentimientos de Ruiz, esperando que el comprendiera que esas mediasombras no eran buenas y que había otra clase de relaciones entre las personas. Quiso apostar a esa relación, pensando que Ruiz un día abriera los ojos, pero Ruiz seguía empeñado en mantenerse dentro de su mediasombra.

Hasta que Ana un día dijo basta, comprendió que Ruiz jamás buscaría la luz, ni siquiera la del foquito incandescente que colgaba de unos cables rodeados de telarañas en su habitación alquilada. Comprendío que en su mundo de mediasombras solo hallaría desconsuelo e insatisfacción...sobre todo insatisfacción!!

Mejor buscarse un Christian Grey, que al menos está más fuerte que patada de Teves en el área chica del equipo contrario, más poderoso que saque de Del Potro en la final de Río 2016. Aunque sea un personaje de ficción.