Ahhh...querido blog, te tenía algo olvidado, pero se me estaban acabando las anécdotas para relatar, y a veces también se necesita tiempo para madurar las experiencias y poder narrarlas con humor.
La cuestión es que después de (....) volví al ruedo y encontré un señor con quien romper hielos, cruzar puentes, nadar océanos y volar hasta el infinito como la mujer con la que soñaba Oliverio, el personaje de la película "El lado oscuro del corazón"....Pero, el problema de las mujeres que queremos volar, es que no todos los señores saben ser buena pista de aterrizaje, y a veces podemos caer en picada y terminamos estrelladas y con algunos magullones emocionales!
La cosa es que luego del encantamiento del primer encuentro, el mago desaparece "por arte de magia" y cual David Cooperfield...no tá má...che fe!! Y una se queda hablando sola con el teléfono móvil, preguntándole por qué corno se mantiene silencioso, cómo si el pobre aparato tuviera la culpa de que esa persona que esperamos mueva un dedo (uno solito, tampoco es tanto esfuerzo) busque nuestro nombre en su agenda de contactos y marque la dichosa tecla verde de "llamar".
Con el paso de los días y el silencio sepulcral, las ideas se van acomodando, las hormonas se van enfriando y el sano juicio vuelve a ocupar el lugar que le corresponde en nuestra mente, empujando la imagen de "él" hacia un rincón oscuro y solitario, en donde comenzamos a ver las cosas como son.
Lo que me cayó como un rayo en medio de mi consciencia fue...que "él" no le daba de comer a mis ratones. No alimentaba mi líbido, no jugaba, mi imaginación y ganas de ponerle onda a algo que era más plano que la línea verde de un electrocardiógrafo sin latidos era lo que a mí me llevaba a pelearme con el celular, a apagarlo, a dejarlo sin sonido, a volverlo a la normalidad esperando que suene el ringtone de turno y en la pantallita apareciera su nombre...que descubrí era digno de un personaje patético de galan de telenovela de cuarta! Y poco a poco fui notanto que mis ganas menguaban, que mis ratones adelgazaban a un ritmo impresionante (podría funcionar en otros aspectos eso,no?), debido a la falta de "queso" de mi galán de turno.
El "flash", como todo "flash" tiende a durar un instante, y se apaga, desapareciendo para siempre!! Por eso no debemos dejarnos llevar por luces esporádicas y sí por algún fueguito que está comenzando a arder...en donde, si hay queso, nuestros ratones podrán comer una rica fondeau!!!
Cuando un hombre llega a nuestras vidas prometiendo potencialemnte volar con una linda pista de aterrizaje, nos desesperamos. Cuando empiezan a ser intermitentes, también nos desesperamos. No porque ellos sean la gran cosa, sino que en muchas ocasiones porque es lo único que hay. La era de la conchudez, ni más ni menos.
ResponderEliminarMuy buena nota Cris, nos estamos leyendo.
Nani.