¡¡Uy, cuánto hace que no escribo en este blog!! Pero resulta que algunos hombres existen para agitar ciertos fantasmas del pasado y remover esos miedos ancestrales que nuestras madres y abuelas, con la intención de que no hiciéramos travesuras, nos inculcaban.
A los casi 44 años descubro que el "hombre de la bolsa" si existe! Tiene nombre, dirección y número de teléfono. Y es un chanta que embauca mujeres por internet, diciéndoles que está separado, poniendo carita de pobre perrito perdido y buscando vender espejitos de colores a personas que tienen "oro" para entregar.
Resulta que al principio, el hombre de la bolsa crea un mundo maravilloso tipo Disney, provocando en las mujeres el deseo de visitar ese planeta en donde los sueños se vuelven realidad. Primero dice que transfiere el dinero para el viaje(el hombre de la bolsa no vive en la misma localidad que la víctima) , cuando ve que el verso comienza a causar efecto, pinta que no puede hacer la transferencia bancaria y que ella se consiga el pasaje para luego proveerla del dinero magnánimente...y cuando la protagonista de nuestra historia se ve enmarañada en la búsqueda del pasaje imposible de pagar, se pone en la pose del galán despreciado y, dignamente, le dice "yo te ofrezco todo...demostrame tu interés y pone algo de vos para venir a verme"...
A todo esto, ella en un intento de demostrar interés, pide prestado, se endeuda, llama a amigas que le hagan la pata, tiene ansiedad, pánico, miedo, crisis de nervios, angustia y todos los síndromes que puedan encontrarse en cualquier manual de enfermedades psicológicas, porque teme perder, por nonagésima vez, al "amor de su vida". Convengamos, es la misma crisis que tuvo con su anterior amor de la vida, tras la crisis con el otro "amor de su vida" que tambien la desfalcó, despues de haber pasado por una crisis emocional y económica luego de jugarse todo por el anterior "amor de su vida", que terminó descubriendo en brazos de un joven de 15 años de su mismo sexo, con el cual formalizó una relación, dejando a la protagonista de nuestra historia con las manos vacías...y la billetera también.
Intentas disuadir a la princesa en apuros, mientras ves que la carroza es una calabaza que hace rato hecha olor feo, pero a ella le dio un repentino ataque de sinusitis, lo que le impide oler el espantoso aroma que llega desde los casi 1.000 kilómetros que separan el hogar del hombre de la bolsa y el de ella. Pero, convencida de que es su última oportunidad de ser feliz en esta vida y en todas las posibles reencarnaciones hasta el final de los tiempos, ella apuesta a comprar el pasaje, viajar y darse la cabeza contra el muro de los lamentos, la gran muralla china y, si existiera aún, el muro de Berlín, sin importarle absolutamente nada.
El hombre de la bolsa existe porque nosotras, mujeres al fín, queremos creer en él, pensando que nos va a llevar al paraíso en la tierra, disfrutando de las mieles de la felicidad eterna, al borde de un arroyito dulzón y con pajaritos de colores canturreando a nuestro alrededor. Porque, ante todo, el amor es un gran salto de fe, en el que primero se entrega la confianza, y después el cbu del banco junto con la clave de acceso y los fondos completitos, para de repente verlos desaparecer con la excusa de un "apuro urgente", y luego que te exprima como una jugosa naranja...y todas sabemos cómo termina una jugosa y dulcisima naranja luego de ser exprimida, no? Si, señoras, termina seca, vacía y en el tacho de la basura!!!
La protagonista de esta historia lo volvió a hacer y el hombre de la bolsa de su destino cambio de nombre, pero no de estrategía, ya que ella tiene una especie de imán para atraerlos, y una vez recuperada su economía, nuevamente entregar los fondos, además de otras cosas, con tal de obtener un poquito de "felicidad", que ni siquiera son cinco minutos.
Seamos un poquitito desconfiadas y, sin pretender que nos paguen todo, al menos busquemos un señor que pague a la romana, que pueda comprarse el pan de cada día y tenga algo más que los calzoncillos a su nombre!!!

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