Tras un largo período de soledad, en donde una necesita su espacio para el famoso "soltar" para poder volver a abrir puertas, decidí ingresar al circuito social a ver qué onda y darme el permiso de "conocer a alguien".
La foto de perfil de la red social mostraba a alguien más o menos potable, algunas publicaciones indicaban una cierta coincidencia musical, aunque un toque de romanticismo...como decirlo...algo edulcorado, rayano en lo diabético para ser honesta.
Tras algunos mensajes de rigor (algunos incomprensibles porque era un puro intercambio de emoticones y dibujitos que me hicieron pensar en que el caballero deberia creer ser la reencarnación de Tutankamón) llegó uno de los pocos mensajes escrito en donde planteaba la posibilidad de ir a tomar un café.
Tras la vuelta a los mensajes encriptados de dibujitos y emoticones, recordó que sabía escribir y concretó la famosa tomada de café. Bueno, lo de concretar es una forma de decir porque a la hora de decir el "dónde" lo dejo medio al azar para cuando nos encontráramos.
El primer detalle que le vi fue el pequeño arito brillante que lucía en el lóbulo de su oreja. Todo bien si no fuera por la remera descosida en el borde del hombro, mal planchada. El exceso de perfume no ayudó mucho tampoco, convengamos.
Su voz rasposa, estilo pato Donald en castellano podía dejarla pasar, si no fuera porque cada vez que movía los labios se veia la ausencia de un diente justo en el medio de la mandíbula (abajo) por el que de le escapaba alguna que otra gotita de saliva.
Pensé en todas esas amigas que suelen decirme que soy muy exigente, que no debo ser tan pretenciosa y que nada importa si es una buena persona.
Así que hubo segunda salida, nocturna vez, en la que intenté que me hablara de su vida. Que se refiriera a la mujer de la que estaba separada hace unos diez años como "mi señora" en varias oportunidades no ayudó mucho. Menos que, cuando hablaba de otras mujeres contando anécdotas, se refiriera a ellas diciendo que tenía "un culo asssi" o "unas lolas asssi" con una amplia gestualidad manual para hacer más explícito el tamaño de las redondeces referidas. Tampoco colaboró mucho a la posible relación que a la hora de pagar la consumición que se hiciera el boludo con el ticket, acercándolo o alejándolo como si no viera, hasta que de lo saqué de la mano, le dije el importe y me preguntó cuatro veces cuanto era la parte que le tocaba pagar. Que me diera plata de menos...tampoco.
Pero, recordando que algunas amigas me dicen que soy muy quisquillosa, me di otra oportunidad, pensando que quizás los nervios pudieron traicionarlo y no se habría dado cuenta de que la mitad de 300 pesos no eran 120.
Ocurrió que un día de tormenta me hizo un gran favor. Y fuimos a tomar unn café. Mientras hablábamos pensé en que ese favor había sido un lindo y tierno gesto, y decidí darle un primer piquito de agradecimiento con toda mi timidez...
Lo que arruinó todo fue que el señor tuvo un repentino ataque de amigdólogo y decidió hacerme una revisión sin anestesia...poco agradable.
Me costó bastante decírselo, porque no quise herir sus sentimientos ni faltarle el respeto, pero eso fue lo que me decidió a no continuar con las salidas, lo que el señor no entendió.
Si, puedo ser quisquillosa, pero convengamos que para estar con alguien una/o debe estar cómoda/o y sentirse bien... Ojalá este caballero encuentre la horma de sus zapatos y yo siga escribiendo!!!
La foto de perfil de la red social mostraba a alguien más o menos potable, algunas publicaciones indicaban una cierta coincidencia musical, aunque un toque de romanticismo...como decirlo...algo edulcorado, rayano en lo diabético para ser honesta.
Tras algunos mensajes de rigor (algunos incomprensibles porque era un puro intercambio de emoticones y dibujitos que me hicieron pensar en que el caballero deberia creer ser la reencarnación de Tutankamón) llegó uno de los pocos mensajes escrito en donde planteaba la posibilidad de ir a tomar un café.
Tras la vuelta a los mensajes encriptados de dibujitos y emoticones, recordó que sabía escribir y concretó la famosa tomada de café. Bueno, lo de concretar es una forma de decir porque a la hora de decir el "dónde" lo dejo medio al azar para cuando nos encontráramos.
El primer detalle que le vi fue el pequeño arito brillante que lucía en el lóbulo de su oreja. Todo bien si no fuera por la remera descosida en el borde del hombro, mal planchada. El exceso de perfume no ayudó mucho tampoco, convengamos.
Su voz rasposa, estilo pato Donald en castellano podía dejarla pasar, si no fuera porque cada vez que movía los labios se veia la ausencia de un diente justo en el medio de la mandíbula (abajo) por el que de le escapaba alguna que otra gotita de saliva.
Pensé en todas esas amigas que suelen decirme que soy muy exigente, que no debo ser tan pretenciosa y que nada importa si es una buena persona.
Así que hubo segunda salida, nocturna vez, en la que intenté que me hablara de su vida. Que se refiriera a la mujer de la que estaba separada hace unos diez años como "mi señora" en varias oportunidades no ayudó mucho. Menos que, cuando hablaba de otras mujeres contando anécdotas, se refiriera a ellas diciendo que tenía "un culo asssi" o "unas lolas asssi" con una amplia gestualidad manual para hacer más explícito el tamaño de las redondeces referidas. Tampoco colaboró mucho a la posible relación que a la hora de pagar la consumición que se hiciera el boludo con el ticket, acercándolo o alejándolo como si no viera, hasta que de lo saqué de la mano, le dije el importe y me preguntó cuatro veces cuanto era la parte que le tocaba pagar. Que me diera plata de menos...tampoco.
Pero, recordando que algunas amigas me dicen que soy muy quisquillosa, me di otra oportunidad, pensando que quizás los nervios pudieron traicionarlo y no se habría dado cuenta de que la mitad de 300 pesos no eran 120.
Ocurrió que un día de tormenta me hizo un gran favor. Y fuimos a tomar unn café. Mientras hablábamos pensé en que ese favor había sido un lindo y tierno gesto, y decidí darle un primer piquito de agradecimiento con toda mi timidez...
Lo que arruinó todo fue que el señor tuvo un repentino ataque de amigdólogo y decidió hacerme una revisión sin anestesia...poco agradable.
Me costó bastante decírselo, porque no quise herir sus sentimientos ni faltarle el respeto, pero eso fue lo que me decidió a no continuar con las salidas, lo que el señor no entendió.
Si, puedo ser quisquillosa, pero convengamos que para estar con alguien una/o debe estar cómoda/o y sentirse bien... Ojalá este caballero encuentre la horma de sus zapatos y yo siga escribiendo!!!
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