Claro, es re fácil para Anastasia Steele firmar un convenio de común acuerdo para tener una experiencia sadomasoquista con el señor Grey, un ultramillonario soltero que está más fuerte que patada de potro salvaje, o sea, el hombre perfecto que cualquier madre sueña para su hija. El tipo la lleva a mansiones ultraconfortables, la pasa a buscar en helicóptero, le regala computadoras, autos, vestidos, le pregunta mediante contrato si acepta tal o cual cosa y así arregla cualquiera. No es justo. No vale.
Ana (que es la protagonista de estas 50 mediasombras) conoció al señor Ruiz, que en principio no tenía casa propia. De hecho, el señor Ruiz es un empleado. Para ser más específicos, el señor Ruiz alquilaba un habitación en una vivienda chorizo sin contrato de alquiler, sin calefacción, sin heladera, sin hornallas en la cocina. Convengamos, la experiencia masoquista no es así como la pintan en la peli. Ya les dije, con "el sueño de la piba" cualquiera arregla. Pero continuemos con la experiencia de nuestra Ana y su señor Ruiz.
Ana y el señor Ruiz acordaron conocerse y encontrarse para ver si sus vidas tenían algo en común. Ana decidió que podría darse una oportunidad y el señor Ruiz, aparentemente, cubría algunas de sus expectativas... Sin embargo, Ana jamás imaginó que en la intimidad, el señor Ruiz sería una experiencia inolvidable.
Jamás dejaría de pensar en esa primera vez, en donde todas las sensaciones están a flor de piel. La primera sorpresa se la llevó cuando el señor Ruiz se bajó los pantalones...Ana abrió los ojos, los achinó, parpadeó y los volvió a abrir. Jamás en su vida había visto algo así. Bueno, en realidad y para ser sincera, Ana no había visto nada, así, a secas. Buscó, intentó ver mejor, ponerle una luz, pero en medio del nerviosismo de ese primer contacto...bueno, en realidad no comprendía cómo podría tener un primer contacto con eso...que en realidad no sabía si era eso, porque el tamaño le impedía definir a qué categoría de mini maní pertenecía.
Nuestra Ana se preguntó si aquéllo podría satisfacerla y cumplir las fantasías acariciadas en las charlas previas con el señor Ruiz. Él le había dicho que la llevaría a la gloria...pero Ana jamás imaginó que mientras practicaban el acto sexual, las palabras del señor Ruiz tomarían semejante calibre real. Cada embate era acompañado por una sonora "trompetina", que nada tenía que ver con lo paradisíaco y si con lo intestinal. El problema fue que Ana nunca llegó a saber cuándo el señor Ruiz accedió carnalmente a ella y tampoco comprendió a qué se debía la cara de satisfacción y deber cumplido de Ruiz cuando le anunció que ya había concluido.
Pese a todo, Ana decidió mantenerse en la vida del señor Ruiz, pues le había tomado cariño y pensaba que su cercanía podría ayudarlo a resolver algunas cuestiones que él pudiera tener con su pasado, poner luz en esas sombras. Pero la experiencia sadomasoquista continuaría cuando una mañana Ruiz se quitara los zapatos y Ana viera las uñas de sus pies, largas y sucias.
El señor Ruiz, además, dejaba las medias tiradas, usaba el mismo jabón con que se lavaba el traste para lavarse la cara, no tenía cepillo de dientes y disfrutaba pasandose la transpiración de la frente con la mano por todo su pelo a modo de ¿gel? ¿fijador? y sonreir como si fuera el galan de moda y, luciendo un pantalon nuevo decir "no me digas que no estoy fachero".
Ana se mordía la lengua para no herir los sentimientos de Ruiz, esperando que el comprendiera que esas mediasombras no eran buenas y que había otra clase de relaciones entre las personas. Quiso apostar a esa relación, pensando que Ruiz un día abriera los ojos, pero Ruiz seguía empeñado en mantenerse dentro de su mediasombra.
Hasta que Ana un día dijo basta, comprendió que Ruiz jamás buscaría la luz, ni siquiera la del foquito incandescente que colgaba de unos cables rodeados de telarañas en su habitación alquilada. Comprendío que en su mundo de mediasombras solo hallaría desconsuelo e insatisfacción...sobre todo insatisfacción!!
Mejor buscarse un Christian Grey, que al menos está más fuerte que patada de Teves en el área chica del equipo contrario, más poderoso que saque de Del Potro en la final de Río 2016. Aunque sea un personaje de ficción.
Ana (que es la protagonista de estas 50 mediasombras) conoció al señor Ruiz, que en principio no tenía casa propia. De hecho, el señor Ruiz es un empleado. Para ser más específicos, el señor Ruiz alquilaba un habitación en una vivienda chorizo sin contrato de alquiler, sin calefacción, sin heladera, sin hornallas en la cocina. Convengamos, la experiencia masoquista no es así como la pintan en la peli. Ya les dije, con "el sueño de la piba" cualquiera arregla. Pero continuemos con la experiencia de nuestra Ana y su señor Ruiz.
Ana y el señor Ruiz acordaron conocerse y encontrarse para ver si sus vidas tenían algo en común. Ana decidió que podría darse una oportunidad y el señor Ruiz, aparentemente, cubría algunas de sus expectativas... Sin embargo, Ana jamás imaginó que en la intimidad, el señor Ruiz sería una experiencia inolvidable.
Jamás dejaría de pensar en esa primera vez, en donde todas las sensaciones están a flor de piel. La primera sorpresa se la llevó cuando el señor Ruiz se bajó los pantalones...Ana abrió los ojos, los achinó, parpadeó y los volvió a abrir. Jamás en su vida había visto algo así. Bueno, en realidad y para ser sincera, Ana no había visto nada, así, a secas. Buscó, intentó ver mejor, ponerle una luz, pero en medio del nerviosismo de ese primer contacto...bueno, en realidad no comprendía cómo podría tener un primer contacto con eso...que en realidad no sabía si era eso, porque el tamaño le impedía definir a qué categoría de mini maní pertenecía.
Nuestra Ana se preguntó si aquéllo podría satisfacerla y cumplir las fantasías acariciadas en las charlas previas con el señor Ruiz. Él le había dicho que la llevaría a la gloria...pero Ana jamás imaginó que mientras practicaban el acto sexual, las palabras del señor Ruiz tomarían semejante calibre real. Cada embate era acompañado por una sonora "trompetina", que nada tenía que ver con lo paradisíaco y si con lo intestinal. El problema fue que Ana nunca llegó a saber cuándo el señor Ruiz accedió carnalmente a ella y tampoco comprendió a qué se debía la cara de satisfacción y deber cumplido de Ruiz cuando le anunció que ya había concluido.
Pese a todo, Ana decidió mantenerse en la vida del señor Ruiz, pues le había tomado cariño y pensaba que su cercanía podría ayudarlo a resolver algunas cuestiones que él pudiera tener con su pasado, poner luz en esas sombras. Pero la experiencia sadomasoquista continuaría cuando una mañana Ruiz se quitara los zapatos y Ana viera las uñas de sus pies, largas y sucias.
El señor Ruiz, además, dejaba las medias tiradas, usaba el mismo jabón con que se lavaba el traste para lavarse la cara, no tenía cepillo de dientes y disfrutaba pasandose la transpiración de la frente con la mano por todo su pelo a modo de ¿gel? ¿fijador? y sonreir como si fuera el galan de moda y, luciendo un pantalon nuevo decir "no me digas que no estoy fachero".
Ana se mordía la lengua para no herir los sentimientos de Ruiz, esperando que el comprendiera que esas mediasombras no eran buenas y que había otra clase de relaciones entre las personas. Quiso apostar a esa relación, pensando que Ruiz un día abriera los ojos, pero Ruiz seguía empeñado en mantenerse dentro de su mediasombra.
Hasta que Ana un día dijo basta, comprendió que Ruiz jamás buscaría la luz, ni siquiera la del foquito incandescente que colgaba de unos cables rodeados de telarañas en su habitación alquilada. Comprendío que en su mundo de mediasombras solo hallaría desconsuelo e insatisfacción...sobre todo insatisfacción!!
Mejor buscarse un Christian Grey, que al menos está más fuerte que patada de Teves en el área chica del equipo contrario, más poderoso que saque de Del Potro en la final de Río 2016. Aunque sea un personaje de ficción.
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