Estás tranquila en tu casa. Estás escuchando música o viendo televisión. Tal vez terminando algún trabajo para la oficina, o para la facultad. Quizás estés ultimando los detalles para la rutina semanal (lavado de ropa, revisión de tareas escolares de tus niños, etc.). Lo más probable es que estés pensando, mientras hacés otras cosas, qué vas a preparar para comer. O mientras estás realizando todas estas tareas, ya estés organizando la cena.
De repente, un llamado. Puede ser tu teléfono fijo, tu celular, o el mismísmo portero eléctrico o timbre de tu puerta. "Él". Se le ocurrió que era buena idea cenar juntos. A vos te parece una ternura... si estás sola, pensás en algo romántico. Si no estás tan sola, una buena oportunidad para comenzar a incluirlo en tu vida y en la de tus chicos. El asunto es que vos te matás para quedar como una reina. Hasta ahí, todo bien.
La situación comienza a repetirse. La cosa es que, en ninguna de las oportunidades que "él" viene a comer, trae al menos media docena de sandwiches de miga!!! Ya no te hace gracia la llamadita, el mensajito ni la visita. Porque vos estás con "él" porque querés salir, ir a algún lado, romper la rutina... Y "él", se achanchó. Lo que en un momento te pareció romántico, tierno y todo lo demás, está dejando de hacerte gracia. Volviste a ser la cocinera de un cómodo. O empezás a vislumbrar un futuro sombrío.
Recuerdo que mi mamá, varios años después de separarse, había conocido a E., viudo él (si, eso decía él). Un tiempo después, descubrí que la finada estaba vivita y coleando!! El cuento viene porque mi madre, al enterarse de esto y de otras cosas, cortó con E. E., un día, cerca de fin de año, apareció por mi casa, tocó el timbre... venía a brindar...y no trajo nada!! Por supuesto que E. se fué por donde vino, sin tomar nada!
Mi propia experiencia. Dos ex-filitos. G. y J. venían todas las noches. Yo, en un principio, creía que venían por mí. ¡¡Craso error!! Venían por la comida de mi madre! Y mi madre, como toda persona de provincia, con esa cordialidad y hospitalidad que les caracteriza, les cocinaba! Hasta que un día corté todo. Porque comencé a sospechar que los muchachos no venían a mi casa por mí... venían a comer!!!
Desde ese día, no he llevado más muchachos a casa. Y la estricta orden a mi madre es " un café y sólo eso". Si quieren comer, que traigan o me lleven a cenar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario