Hoy hablando con mi amiga Susana recordé a Daniel...hace poco más de un año lo conocí por Facebook. Recuerdo haberme sumado a un evento creado para los que no les gustaba el fútbol y, durante los horarios en que todos estaban enganchados con el mundial, conocer personas para crear una relación. Por un lado me parecía divertido y por el otro, quise saber de qué se hablaba en ese espacio mientras transmitían los partidos...y ¿de qué se hablaba? DE FÚTBOL!!! Si! Los comentarios sobre los pechos fríos, los goles de carambola, las discusiones sobre si había que haber puesto a tal o a cual mandarlo al banco de suplentes duraban bastante más que las dos horas que ocupaba el encuentro futbolero.
Ahí puse una foto mía, viejita lo confieso, pero en ese entonces no tenía forma de subir fotos más modernas. Se engancharon a contestar los nabos de siempre (alguno que quería mostrar a "su bb" por camarita, por ejemplo) y de separar la paja del trigo, surgió Daniel, una persona que pintaba inteligente, con quien se podía mantener un diálogo. Comenzamos a enviarnos mensajes privados, y luego chateamos. Al día siguiente, por esos misterios de la computadora que nos pinta de una forma que muy probablemente no somos, el muchacho se había enamorado de mí...
Por un lado no me disgustaba la idea de conocer a alguien con quien se pudiera dialogar...y por otro, la palabra "enamoramiento" me parecía demasiado fuerte para utilizarla al día siguiente de escribirnos y viviendo a 400 kilómetros de distancia. Me dije que no había que intelectualizar demasiado y ver qué acontecía. Al día siguiente recibí un mensaje en mi celular saludándome...me encantó, me pareció muy dulce de su parte...
La cuestión es que todos los días comencé a recibir los sms en mi celular EXACTAMENTE a la misma hora, dándome los buenos días...A la semana, el sonido del celular a las 6.45 en punto de la mañana me resultaba similar a lo que sintieron en Hiroshima y Nagasaki cuando cayó la bomba atómica! Daniel me confesó en un chat que se había puesto la alarma de su teléfono móvil a esa hora, para acordarse de saludarme todos los días... Me sentía mal, porque tal vez estaba generando algo que yo no sabía si iba a poder retribuír...y por otro lado me hacía sentir bien que una persona pensara en mí desde tan lejo. Pero, al cabo de varios días, ya no lo soportaba...Terminé poniendo el teléfono en silencio para no escucharlo...Pero además, los mensajitos de texto comenzaron a caer en cualquier momento y, si por casualidad me quedaba sin crédito...ya los mensajes comenzaron a ser persecutorios.
"Creia que ya no me querías más", "es que cuando no me respondés, pienso que conociste a otro",
" me asusto cuando no me respondés". Apenas llegaba a su casa, me enviaba un mensaje pidiéndome conectarme. Quizá yo estaba haciendo un trámite y me decía "metete en un ciber"...Llegó un momento en que sentí que me estaba asfixiando...a cuatrocientos kilómetros...me asustó pensar qué sucedería el día que esa persona estuviera en mi misma ciudad...
Luego de un par de malentendidos, corté con esa historia. Pero me quedó la sensación de que mi libertad vale más que otra cosa, y que no quiero alguien que me controle, ni con un mando a distancia!!
detesto los mjes por cel parece que la ciua te persigue y controla me vuelven loca me saturan por eso ni contesto no mas de un mje y basta y aclaro no me jodas por cel detesto escxribir mjes
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