domingo, 6 de noviembre de 2011

El hombre-cangrejo

Empiezan una relación y te sentís la reina de las diosas. Es divino, te trata muy bien y vos creés que es el hombre que habías estado esperando. La cosa es que a los pocos días, parece que él se olvida de vos, y de todo lo que pasaron juntos.

Y vos, por supuesto, no entendés qué le pasa. Pensás que le molestó algo que dijiste o hiciste y es demasiado educado para decírtelo. Y te rompés la cabeza dándole vueltas a todo lo que hicieron juntos, para saber en dónde estuvo tu error.

De repente, zas, aparece otra vez, como si nada. Y vos no querés decirle que te sentiste mal, incómoda, ni preguntarle qué le pasó durante esos días. No querés que piense que sos una neurótica ni que lo presionás. Y decidís disfrutar el retorno de tu chico sin cuestionamientos.

Nuevamente, después de uno o dos días de estar juntos, se hace humo. Ahora sabés que vos no hiciste nada malo, que no dijiste nada que lo molestase. Y decidís comunicarte. Lo llamás y su voz suena molesta. Te dice que está ocupado, que en ése momento no te puede atender. O le enviás un sms y no te lo responde o te contesta con un escueto "bien".

Al menos tenés una señal de vida. Te sentís mejor y te decís a vos misma que es mejor que pase este momento y que ya van a tener tiempo para hablar más tranquilos.

Pasan varios días sin que dé señales de vida. Por supuesto, vos estás angustiada. De repente, él aparece. Y vos ya no te sentís tan bien, porque empezás a sentirte usada. Y cuando le decís algo, él comienza con una larga lista de preocupaciones que en realidad son cosas que nos pasan a todos en la vida cotidiana, pero parecería que sus problemas son los más graves del mundo. Y, claro, vos minimizás todas sus preocupaciones.

Con un poco de rabia y otro poco de culpa, optás por llamarte a silencio y pasar un buen momento. Al día siguiente le enviás un mensaje para hacerle saber que te preocupás por él. Y el no te responde. Y vos comenzás a angustiarte. A mirar el celular que no suena, y cuando suena, anhelando que su nombre figure en la pantalla. Te sentís mal, no sólo anímica, sino también físicamente.

Pensás en hablarle cuando vuelvan a encontrarse.Pensás decirle un montón de cosas que tenés atravesadas. Vos también sos una persona que merece respeto y, por supuesto, querés acompañarlo. Querés formar parte de su vida y hacerlo formar parte de la tuya. Pero sentís que él es como un cangrejo, avanza un paso y retrocede cinco.

En cada encuentro ponés todo de tu parte para hacer crecer la relación, pero sentís que él no hace lo mismo. Él te llama cuando tiene tiempo libre de su trabajo, de sus ocupaciones, de sus actividades, de sus pasatiempos. Y vos necesitás solamente un llamado o un mensaje que te haga sentir que sos importante en su vida.

Cuando están juntos ya no disfrutás tanto de su compañía, él te cuenta todos sus problemas, que si la ex, que los hijos, que el trabajo. Y una, como mujer, cuando nos meten a los hijos en el medio, optamos por hacernos a un costado, no sea cosa que se piensen que queremos robarle al padre! Pero él, también se abusa de esa sensibilidad feminina y la esgrime para que vos no le hagas reproches y le tengas lástima.

La cuestión es que vos te sentís cada vez peor y cuando le decís algo, el te reprocha que lo presionás. Entonces pensás en darle otra oportunidad, porque él te envía un mensaje cuando se dá cuenta de que tiró mucho de la soga y ésta corre el riesgo de romperse. Y vos, llena de culpa, pensás que sos una bruja mala y él un pobrecito, y decidís seguir la relación, esperando a que se le solucionen los problemas.

Hasta que a los pocos días vuelven a la misma historia. El desaparece y vos te morís de ganas de recibir una llamada o un mensajito. Y todo eso que sentiste que habías avanzado en la relación, pega un retroceso impresionante...

Y, como en el cuento de Borges, sentís que estás en un sendero circular y que estás dando vueltas por un camino por el que ya habías transitado.

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