domingo, 6 de noviembre de 2011

Sacrificados

Cuando conocí a D. me había contado que estaba separado desde hacia diez años y que durante ese tiempo había tenido relaciones clandestinas, ya que no quería que sus hijos pensaran mal de él. Y que se había puesto como "meta" que su hija menor cumpliera 17 para comenzar a buscar a una compañera de camino. En el mientras tanto dejó a un lado a una vecina que descomponía la computadora a propósito para que él fuera a su casa a arreglarla.

Mi amiga M. me contó que el hombre con el que sale, P. tiene niños y que "no puede prometerle nada, porque él debe dedicarse a criar a sus niños, hasta que la más chica tenga 18". Es decir, que mi amiga tiene que esperar seguir estando apetecible... dentro de 10 años!!

Conozco otros casos, pero como para muestra basta un botón, me quedo con estos. Ellos, hombres de familia, nos ponen a sus hijos por delante y nosotras nos morimos de amor. Con hombres así de dedicados, pasamos a ser una brujas horribles si no los comprendemos!! Y, claro, como hay tan pocos buenos hombres, vamos resignando espacios y días de salidas, porque lo último que queremos es separar a un padre de sus hijos.

Ahora bien, ¿hasta dónde estas actitudes son reales, y hasta dónde son una cómoda forma de decir "aguantate que las reglas las pongo yo"? Es decir, si querés estar con él, soportá que no hay sábados por la noche, ni domingos o días feriados, porque él, padre abnegado, se los debe dedicar a ver a sus hijos. Perfecto!! Pero, ¿por qué avisarte desde el primer día que no te va a dar un lugar en su vida, a menos que pases los próximos diez años en la sombra, corriendo el riesgo que luego tampoco te presente a su familia?

Una tampoco pretende que te proponga convivencia desde el primer día, y es muy probable que vos tampoco, aún, tengas una idea de mudarte a su casa en el futuro extremadamente cercano. Pero sí, claro, si las cosas van bien, en UN FUTURO vas tener ganas de comenzar a proyectar cosas con él. De pasar más tiempo juntos. De conocer a sus hijos, de que su familia sepa de tu existencia y comenzar a buscar un espacio propio dentro de su vida.

Pero él insiste en que no, porque desde el principio te aclaró que su postura era tenerte al margen. Claro, con otras palabras que te llegaron al corazón y al alma. Entonces él te pone cara de ternero degollado y vuelve a poner su abnegada paternidad por delante cual escudo, para protegerse de tus malas intenciones.

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